Habitualmente solemos olvidar; no todo,afortunadamente, pero si los detalles pequeños y al parecer poco importantes, olvidamos el rostro de quien conducia el tren que nos llevaba a una cita importante (¿existirá rostro más anónimo?)aunque siempre lo vemos cuando ingresa el tren a la estación. Olvidamos los hecho dolorosos que incrustados en el subconciente se resisten a dejarnos, los vemos en sueños que olvidamos apenas hemos despertado, por sanidad mental, por falta de coraje, por que la vida continua y no podemos vivir mirando atrás de la espalda, o por que necesitamos disco duro para grabar más datos.
Olvidamos cuando nustra necesidad humana y social es recordar: Pinturas rupestres, lenguajes, esculturas, grafittis, hijos. Debemos intentar mantener nuestra existencia incluso por motivos espirítuales, nuestra manera de ver el mundo, nuestra cultura. No desaparecemos si podemos mantener que fuimos, nuestros padres nunca mueren si somos capaces de recordarlos.
Para eso existen las antiguedades,para que apreciemos en valor metálico el peso de nuestro pasado.
Recordaré a mis amigos cuando muera? ellos me recordarán? o solo mis pertenencias se convertirán en pasado, en antigüedades carentes de alma, con solo un precio sobre su existencia.
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