Lloraban todas las flores, todos los árboles y piedras el día que Narciso se ahogó.
Le pidieron entonces al río que les prestara agua.
El río preguntó para qué.
Le contestaron que sus lágrimas se habían secado pero querían seguir llorando por la pérdida de la hermosura increíble de Narciso, ya que por eso lo habían amado tanto.
El río contestó que él había amado mucho más que ellos a Narciso, y que gastaría su agua en sus propias lágrimas para llorarlo, pero que ignoraba que hubiera sido tan bello.
Le preguntaron –flores, árboles y piedras- si no lo había advertido cada vez que Narciso se asomaba a mirarse a su superficie.
Y el río contestó que no, que no lo había advertido, y que amaba a Narciso porque cada vez que se inclinaba sobre él para admirarse, él –el río- podía observar su propia hermosura en las pupila enormes, transparentes, límpidas de Narciso.
"Pueden parecer pobres nuestras reflexiones ante los demás, aun sin serlo, pero tal juicio no alivia la carga del esfuerzo que cuesta alcanzarlas."
José Vasconcelos.-
¿Será el Rio o Narciso?
¿A quien apuesta Usted?
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