Arabas, espaldas de terroso temblor,
pasaban los conejos sobre la línea del tren.
Y caminabas como si fuera lo más normal,
el tiempo se detenía,
es un decir,
desde que el mundo es mundo,
el tiempo nunca se ha detenido,
podrías decir que el tiempo quedó estático,
Sí, si el tiempo se estancaba.
Si un sí, era la llave de la temporalidad.
Imposible que los conejos no pasaran al otro lado de la línea,
o que yo surcara, con azada de magias.
El pasado queda en mayúsculas,
de los amaneceres,
son las nuevas esperanzas,
las tardes noches,
de conejos y caminatas,
el campo que hoy en concreto,
Ni la magia puede roturar.
Recuerdos,
no es lo mismo que alguien
que no esté medio esquizofrénico.
Locuras del emperador,
como la película.
Pero sin amigos que luego relaten esta aventura.
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