29.2.08

Comoen, Comosu y en Neomoc

Como sueños, noches abocadas de triste resignación a contar que me da miedo y tú, sonriendo lanzas tu mano y ya te atreves a abrochar los complicados zapatos de nieve que me gusta exhibir. Sabiendo ambos que es mejor estar acompañados, mal acompañados a que estar solos, no reparas nunca que es como en sueños, ríes sabiendo que el pasto pica y las hormigas inmisericordes labrarán tu espalda, y la mía por supuesto. Días, tardes de solo saber que que son como ensueño de cielos silenciosos, como las sonrisas de la gente, el rictus de los buses, la morisqueta de los autores, la risa de algunos tarados con flores, la metálica alergía de los repuestos de autos, la desvergonzada risotada de los chicos con un ron silver o jamaica, casino, rum superior o montecasino. Y sabemos, reímos y sabemos, cerramos los ojos miramos hacia arriba, ¿y qué estás mirando? más risas de solo saber que hay alguien, ese alguien, un alguien, a fin de cuentas otro que no es tu reflejo en las ventanas de las micros. Así en Comoen, Comosu y en Neomoc hay dos personas en las plazas mirándose, hablando, atándose las agujetas y volviendo en sí tras años de agonía, por que si hasta en el dolor competimos, como cuando consumimos bulímicamente bienes carentes de alma, sabiendo, pensando: Yo, que tengo el plasma más grande; Y la meta nunca llega y el tiempo no para. Aún así se ríen y se cuentan entre ellos que les da miedo, que no les gusta acostumbrarse y ellos cierran los ojos y recuerdan una canción de Víctor Manuel.

Como en sueños, solo como en sueños en Comoen, Comosu y en Neomoc.

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