22.7.07

Del pinche amorcillo...

En palabras de san Agustín:
Mira a ver primero si sabes amarte a ti mismo; después te recomiendo que ames al prójimo como te amas a ti. Si no sabes amarte a ti, engañarás al prójimo como te has engañado a ti. (San Agustín, Sermón 128, 5.)

O como diría Meister Eckhart:
Si te amas a ti mismo, amas a todos los demás como a ti mismo. Mientras ames a otra persona menos que a ti mismo, no lograrás realmente amarte, pero si amas a todos por igual, incluyéndote a ti, los amarás como una sola persona y esa persona es a la vez Dios y hombre. Así pues, es una persona grande y virtuosa la que, amándose a sí misma, ama igualmente a todos los demás.(Meister Eckhart, Harper & Brothers, Nueva York, 1941, pág. 204.)

-Dime -dijo Lao Tsé-. ¿En qué consisten la caridad y el deber hacia nuestro prójimo?-Consisten -respondió Confucio- en la capacidad de regocijarse con todas las cosas; en el amor universal, sin el elemento del yo...-¡Qué morralla! -gritó Lao Tsé-. ¿No se contradice a sí mismo, acaso, el amor universal? ¿Tu eliminación del yo no es una positiva manifestación del yo?-¡Cielos! Amigo -replicó Confucio-, has traído gran confusión a la mente del hombre. (Chuang-Tzu)

Ama al prójimo como a ti mismo (Mt., 22, 40).

Si tu ser no vale nada, o no es amado por ti, entonces es imposible dar. ¿Cómo puedes dar amor si no vales nada? ¿Qué valor tendría tu amor? Y si no puedes dar amor, tampoco puedes recibirlo. Después de todo, ¿qué valor puede tener el amor que se le da a una persona que no vale nada? El estar enamorado, el poder dar y recibir, todas esas cosas, empiezan con un ser que es capaz de amarse totalmente a sí mismo. (Waine W. Dyer: "Tus zonas erróneas", Grijalbo, 1° edición, Barcelona, pág. 47.)

"generosidad neurótica", de la que habla Erich Fromm en su libro "El arte de amar":
Es verdad que las personas egoístas son incapaces de amar a los demás, pero tampoco pueden amarse a sí mismas... Esta teoría de la naturaleza del egoísmo surge con la experiencia psicoanalítica de la "generosidad neurótica", un síntoma de neurosis observado en no pocas personas, que habitualmente no están perturbadas por ese síntoma, sino por otros relacionados con él como depresión, fatiga, incapacidad de trabajar, fracaso en las relaciones amorosas, etc. No sólo ocurre que no consideran esa generosidad como un "síntoma"; frecuentemente es el único rasgo caracterológico redentor del que esas personas se enorgullecen. La persona "generosa" "no quiere nada para sí misma"; "sólo vive para los demás", está orgullosa de no considerarse importante. Le intriga descubrir que a pesar de su generosidad no es feliz, y que sus relaciones con los más íntimos allegados son insatisfactorias. La labor analítica demuestra que esa generosidad no es algo aparte de los otros síntomas, sino uno de ellos -de hecho, muchas veces el más importante-; que la capacidad de amar o de disfrutar de esa persona está paralizada; que está llena de hostilidad hacia la vida y que, detrás de la fachada de generosidad, se oculta un intenso egocentrismo, sutil, pero no menos intenso. (Erich Fromm: "El arte de amar", Editorial Paidos, 1986, pág. 66.)

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